jueves, 15 de noviembre de 2012

Dafne y Salomé

Román despertó al sentir el aire fresco de la mañana. Se revolvía entre sábanas sorbiendo el aire salobre, fugaz, recién mezclado con la espuma del mar.  El sol filtrado entre palmeras se ensañó con sus ojos, despertó en el estertor de un sueño inconcluso. Odiaba los amaneceres en que se interrumpían placenteros sueños que no volvería a recuperar. Tenía vagas nociones de los días pasados hasta ese momento. Observó las gaviotas en picada sobre las aguas, no dudó en expresar una leve sonrisa ante aquel espléndido espectáculo de la naturaleza. Empezó a tener breves recuerdos, fueron sucediéndose lentamente. Se incorporó sobre el cabezal de la cama y entre el oleaje del mar y la brisa comenzó a hilvanar escenas interminables, circulares, como una carga que no se puede abandonar por más que se desee.

Soy un insólito



Soy un insólito sin historia
un vehemente sin memoria
que atina a crueles sombras
Entre áridas paredes
Voy hilvanando pensamientos retorcidos
Entre farolas de inocencia
De soledad insospechada en nuestros mundos
Oohh redentor de hombres desgraciados
Qué secreto escondes para salvar a los desmemoriados
Silente cadáver de insomnios