viernes, 12 de junio de 2009

Crónicas defectuosas...

De lo que tal vez algún día será un libro "Crónicas defectuosas".

Siempre es lo mismo, cuatro paredes y esta vez sin ventanas. Mejor, aquí no hay nada que ver, mejor no ver esta ciudad inundada de fantasmas.
Qué es lo que quiero, qué es lo que deseo. Nada, todo perece, todo fallece. Y ahora, otra vez en la disyuntiva de caminos que se separan irremediablemente. Soy un Alicia en el país de las desgracias, en el país de la inmundicia. Cómo ver más allá de uno mismo, con una espada tal vez, con un arma destructora que lo limpie todo absolutamente dejando el silencio.
Un silencio que los olvidados resguarden en sus chozas cuidando que no se les escape, que alimenten con más silencio rescatado de los escombros, de los muertos. Silencio para mitigar el hambre. Silencio, oh hermosa panacea para los pordioseros. Sacan sus migajas y comen a tientas, las escoden de los otros ciegos egoístamente. Qué es lo que quiero, lo he olvidado. Ahora solo veo niños buscando en la basura junto a una catedral o sagrario. Buscando una letra para acomodar el instante y pasarlo sin perecer en el intento.

Quiero escribir cosas de la muerte...

Este atisvo de poema es el resultado de algo que siempre sentí durante mucho tiempo, en todo lugar, al verme y setirme sin sentido. Un tiempo sin esperanza ni fortuna donde la muerte era parte de todo. Ahora ya no es así para mí sin embargo hoy que tengo la barriga llena, lo comparto con mis compañeros de andanzas callejeras. Ya me preocuparé mañana por lo demás. Ahi se ven, esos gañanes...