miércoles, 30 de abril de 2008

Cooperación voluntaria

Una donación por el amor de dios. Con lo que me donen compraré una casita y algo de comer, tenía un perro pero se murió hace un mes, tenia algo en el ojo izquierdo que lo molestaba, ya era viejo.

Amor natural

Flor marchita,
ebriedad de insomnios.
Pienso en tu solitaria existencia
siempre que toco la tierra con mis pies desnudos
que es casi nunca
porque nada tienen
contra esta tierra conquistada.
He aprendido a ignorarte
como se ignora a un clochard
que quiere sobrevivir un poco más.
Tu, casi nunca te sueño,
mejor las aves revolotear en la hierva,
felices y despreocupadas.
Flor marchita, ya pronto morirás,
y espero sólo que regreses íntegra a la tierra
y que no te haga nacer más,
ni en hombre ni en bestia,
ni siquiera en ave feliz.

Poema del poetastro vagabundo sin esperanza de ser poeta o artista.

Diario de un clochard

Soy un clochard, una especie de gangster metafísico. Duermo en la calle y vivo en la ciudad, doy forma a ambas. Barcelona es una pequeña elucubración de mi fantasía destemplada, una fantasía conmocionada por el mar, por un Mediterráneo sin glamour, por la amenaza de infinitos focos industriales tiñendo el azul profundo en gris acero. Soy un clochard, es decir, un perdido, un ser sin rumbo fijo, con dos o tres ideas fugaces en la cabeza y un buen par de piernas. (continúa)

(Final)
Aquí me tienen pues. Soy un caminante. Soy un clochard. Basta que suenen los dedos y ya no existo y estas páginas tampoco. Por de pronto, creo que ya es hora de dormir. El MACBA está vacío de nuevo esta noche.

Texto presentado al Concurso Historias de Barcelona por Leonardo M(concurso literario organizado por Bdebarna y Transversal Web, dentro de los actos del Año del Libro y la Lectura 2005)

martes, 29 de abril de 2008

El atelier del artista

Hace algún tiempo, vagando por las sustanciales calles de Coyoacán, bajo la triste lluvia y más triste mi alma, veía yo una luz tenue en un segundo piso de alguna de esas calles. Arrastrando mi alma bajo la lluvia me percaté que se trataba de un taller de artista y tuve curiosidad por conocer a uno en vivo y que me enseñara su arte, que me dijera cuanto valía ser artista. Yo quería ser artista, pintar grandes lienzos, volverme loco de arte y vagar por las calles pensando en arte. Toqué el timbre y tardó en abrirme quien resultó ser no el pintor, sino la pintora, la artista, la dama del arte. Se trataba de Silvia Barbescu, de origen rumano. Me hizo pasar a su taller, no sin expresar su desconcierto ante la presencia de un extraño que quería entrar en su taller. Se encotraba acompañada del igual artista Sören Olmedo, músico y promotor cultural.

Quiero ser un clochard millonario

Es hermosa la vida en libertad, pero quiero ser un vagabundo millonario. Soy un clochard de ninguna parte y de todas partes. El capitalismo y el comunismo no me han tomado en cuenta, solo quiero ser millonario, comprarme un chaleco nuevo y unas buenas botas. Creo que tengo alguna enfermedad, la he sentido sacándome la lengua, todas las noches cuando empiezo a dormitar. Dejé de fumar porque dicen que estaba afectando mi colon, y no puedo perder mi colon, porque es muy importante. Estaba leyendo a Schopenhauer y me asaltó de pronto al que llaman el Nazareno y me dio de beber. No tuve sed por mucho tiempo. Creo en él, porque era un tipo despreocupado, el perfecto clochard y no uno tan falso como yo. Soy un clochard y odio la coca cola, el whisky me calienta por las noches. Soy un bagabundo de los de hoy, vivo en un cuarto oscuro, sin ventanas, un librero y este viejo ordenador. En el metro de la Ciudad de México hoy no me dejaron pasar y una señora vieja me regaló un pan, estaba vieja y los vendía, le ayudé un rato hasta que se hartó de mí. Soy un perdido, encontrado vagabundo que quiere ser millonario.

Una limosnita

Una limosnita por el amor de dios...

Este es mi espacio, mi bunker, pido misercordia para sobrevivir, porque soy un clochard sin rumbo, un olvidado del mundo y estoy harto, por eso pido una limosnita, de lo que le sobre, de lo que a veces malgasta, solo quiero tener un poco de dignidad. Le se al internet porque soy un clochard y he encotrado libros de Borges por ahi, una vez encontré la República de Platón, pero lo abandoné porque estaba muy pesado. Desgraciado de Platón, no tanto como mi pierna que me castiga, llena la bolsa de tapas de coca cola. Hoy tuve hambre, pero imposible comer una papa podrida, me la arrebataron los niños. Esos pillos que me hacen cosquillas. Soy un clochard, un olvidado.